Para crear un buen producto hay que tener las bases para ello. Una buena materia prima, unas manos expertas, una excelente madera, tratándose de vinos, para su adecuado envejecimiento y, por supuesto, mucha ilusión y mimo en la elaboración. Factores, todos ellos, de los que no escasea un ápice la familia Tudanca de las Heras que, siendo una referencia en el mundo hostelero con su Complejo homónimo de Aranda de Duero (Burgos), sito en el km.153 de la Nacional I, que contempla restaurante, hotel, salón para banquetes y tienda; así como por sus instalaciones en las áreas de servicio de la localidad también burgalesa de Miranda de Ebro, y la de Benavente, en Zamora; o por su restaurante Puerta Real en Burgos, por ejemplo, se ha propuesto serlo también en el campo vinícola. Pero paso a paso, todo se andará.
Desde hace algunos años camina en solitario elaborando vinos de alta calidad que llevan el sello no sólo de su buen hacer transmitido de generación en generación, sino también el aval de la Denominación de Origen Ribera del Duero que les ampara. Sus retoños llevan el nombre de Tudanca y Vicenta Mater, en honor a Vicenta de las Heras que durante su centenaria vida y fiel al legado de sus antecesores viticultores supo transmitir a su familia el buen hacer en la viña y en el vino. “La historia de los vinos que elaboramos y embotellamos en Bodegas Santa Eulalia se remonta a muchísimos años atrás. Mi familia es de un pueblo de la Ribera del Duero con mucha tradición vitivinícola como es La Horra, lugar donde se encuentran nuestros viñedos además de en Gumiel de Mercado, otra destacada localidad por la calidad de la uva Tempranillo. Ahí tenemos cerca de 40 hectáreas. Nosotros seguimos esa tradición vinícola familiar y hemos ampliado el número de hectáreas en los últimos 20 años”, comenta Jesús Tudanca, miembro de la tercera generación de la saga familiar e hijo de Vicenta de las Heras, además de gerente de Vinos y Viñedos Tudanca.




