A veces se cree que inquirir afanosamente sobre cómo y dónde encontrar el éxito sea la llave de acceso al mismo. Un pensamiento que sólo conduce al alejamiento de la realidad. Al igual que sucede con muchas más cuestiones en la vida, a menudo, la sencillez es el concepto triunfador. A la que, en repetidas ocasiones, principalmente si hablamos en términos culinarios, se le acompañan otros aspectos que, sin duda, contribuyen a la causa. Artesanía, naturalidad, transparencia, pasión, buen hacer y mucha calidad son los agentes que han hecho a la Taberna Úbeda florecer en la capital de España desde su alumbramiento, a pesar de estos tiempos económicos convulsos que atravesamos. Una venida al mundo que se produjo el día 1 de diciembre de 2011 de la mano de su artífice en solitario, Antonio Arias, aunque cuenta con la gran ayuda de una tía suya de jueves a domingo. Ambos, prácticamente coe-táneos, conviven en plena armonía en el local. “Abrimos en plena crisis, y la gente se preguntaba si me había vuelto loco, pero ya llevamos casi cuatro años, y estamos muy contentos. La clave es creer en uno mismo y ofrecer una cocina estupenda, con productos de calidad, que es nuestro concepto, intentando hacer bien las cosas. Pienso que una de las cosas más importantes de la vida es comer. Nuestra clientela está satisfecha y habla de nuestros platos en las redes sociales”, manifiesta Antonio, durante nuestra agradable conversación una fresquita mañana del pasado mes de junio.
A pesar de la corta edad de la Taberna Úbeda, Antonio es todo un veterano en el sector hostelero. “Llevo desde 1977 en el mundo de la hostelería. Estuve viviendo 28 años en Zaragoza, ciudad a la que llegué con 19 años. Trabajé para empresas muy importantes del sector, teniendo la oportunidad de hablar con cocineros, y me entró el gusanillo de la cocina, además me gusta mucho comer. Allí, en Zaragoza, tuve negocios hosteleros. Posteriormente residí un año en la isla de Córcega, donde estuve trabajando para un empresario francés que, además de poseer hoteles en París, tiene una finca en esa isla a la que invita a personas a disfrutar unos días, y yo era el cocinero de la finca”, comenta Antonio Arias.
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