Nos transportamos al extrarradio de Vitoria, en pleno Anillo Verde, para localizar un hotel que desde enero de 2010 se ha querido erigir en referente de la expansión urbana de una ciudad que crece en modernidad alrededor de sus múltiples zonas verdes y residenciales. Un gran hotel, por cierto, en dimensiones y en valor de una propuesta que ahora detallaremos. Desde el paseo de Uleta, esta barriada se nutre por un lado de edificios públicos como el del Museo de Bellas Artes y, por otro, del crecimiento constante de áreas de viviendas unifamiliares nacidas en los años setenta como la del alto de Uleta. Sin dejar de fijarse en este emplazamiento tan concreto, el hotel quedó bautizado precisamente como Jardines de Uleta Suites, un proyecto de los arquitectos Óscar Luquin, Pedro Apaolaza y Luis Armentia que desde el principio persiguió ser identificado por su planta geométrica -en realidad una inmensa letra G de Gasteiz- y ser reconocible por su volumen rotundo pero nunca excluido de su entorno, bien al contrario integrado respecto al resto de edificios vecinos. No les supera en altura con apenas tres plantas más un sótano e imita la forma redondeada de estas fincas, todas dispuestas como parcelas ajardinadas. De primeras destaca su fachada de aluminio, cristal y vidrio coloreado. Pero la apertura de planta deja a la vista parte de un interés que va en aumento, pues conforme uno curiosea en el hotel más se va entendiendo el propósito y más lúcido parece el resultado. Efectivamente, los reflejos y transparencias multicolores recuerdan al Musac de Tuñón y Mansilla, con los que no habría que escatimar en homenajes y por lo que en esta ocasión no caben los reproches de emulación. Más que en la fachada principal, este juego radiante de policromía a veces etérea, se resuelve con maestría en dos de los espacios más relevantes del complejo hotelero: el ya apuntado Jardín Vertical y el Patio de Cristal.
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