La concatenación de sucesos se presenta como algo irrefutable. Pero, si de lo que hablamos es de arte, aún más. Todas las disciplinas en la que se manifiesta la expresión artística presentan una correlación entre sí, aunque su origen inicial sea diverso. ¿El nexo casual? Crear. En un sentido u otro, pero plasmar lo que la mente y el corazón explotan. Y, por supuesto, dejarlo ver. O probar, en el caso que nos ocupa. Resulta que las obras de arte también se beben. Al menos en la bilbaína calle Barraincúa, en concreto en los números 1 y 12, traspasando el umbral de las puertas del Residence Café y del Evidence Café Teatro. Allí les espera Manuel Iturregui, Manu, como amigablemente se presenta este ‘bartender’ de altura, que tiene los pies bien asentados en la tierra.
Teniendo casi por testigo al museo Guggenheim, templo del arte contemporáneo, Manu, ofrece sus cócteles con toda la personalidad implícita que él mismo desborda.
Corría el año 2001 cuando un local del casco viejo de Bilbao le vio desarrollar sus habilidades en el campo de la hostelería, como me relata. “Pero fue en la primavera de 2003 cuando abrí mi primer local, el Residence, con la idea de un ‘pub’ con estilo irlandés, con muchas cervezas y una amplia colección de ‘whiskies’. Hace un par de años fue cuando me introduje más en el tema creativo, coincidiendo con la apertura del segundo local Evidence, que se inauguró el 12-12-2012, en el que se llevó a cabo una de las finales regionales de World Class Competition. Me picó el gusanillo y empecé a experimentar”, comenta Manu Iturregui durante nuestra charla.
Toda una evolución en el campo ‘mixológico’ realizando una coctelería que él mismo define así: “suelo trabajar en una línea muy clásica, de trago duro y utilizando pocos ingredientes. Luego es la personalidad de cada uno la que va marcando las creaciones. En fin, los cócteles clásicos son una fuente inagotable. Me gusta recrear este tipo de cócteles, aunque introduzco pequeñas variaciones personales a los mismos, y sobre todo tengo en cuenta que sean fácilmente reproducibles. Últimamente en los concursos se está llegando a un nivel en que se busca mucho el espectáculo y se presentan cosas que son impracticables detrás de una barra, porque si por ejemplo te piden seis cócteles así, resulta imposible hacerlos. Por ello, intento que todo lo que presento sea fácilmente reproducible en un local y que el cliente pueda pedirlos y tomarlos tranquilamente”.
Leer el artículo completo en la revista




