De sus dos grandes pasiones, Nadeen Siraj, ha construido su modo de vida. Una forma de vivir que causa a su vez placer a un numeroso público con quien la comparte. La cocina y los trenes. Los trenes o la cocina. El orden de factores no altera el producto. Todo unido, encajado como las piezas de un ‘puzzle’. Eso se vive, se respira y se degusta en Tandoori Station. Un restaurante indio, en pleno barrio madrileño de Salamanca, muy aclamado en la capital, que sumerge al comensal en los aromas y sabores del país natal de su propietario y chef.
Nadeen posee un espíritu viajero. Nacido en Pakistán y crecido en Australia, se ha recorrido el mundo hasta que el destino le trajo a Madrid. Aquí estuvo en diferentes restaurantes estudiando los gustos de los españoles, para decidir más tarde la apertura de un local de tapas indias, “cocina india en pequeñas raciones”, como puntualiza Nadeen; hasta terminar inaugurando Tandoori Station en el número 89 de la calle José Ortega y Gasset en junio de 2005, como señala también Marcia Valeria Trotta, ‘manager’ del establecimiento. “Un pequeño local con capacidad para unas 30 personas, aforo que ha sido ampliado hace cinco años, pudiendo acoger ahora a más de 100 personas”. “El restaurante contó enseguida con muy buenas críticas, se hizo muy popular y no podía atender al gran número de personas que acudían. El espacio se había quedado pequeño y cogí tres locales contiguos, los reformé y simulé una estación de tren, alejándome de ciertos tópicos decorativos como los elefantes en la puerta, por ejemplo. Quería romper con eso para dar a conocer a la gente que un restaurante indio también puede ser moderno, minimalista, y mostrarles otra cultura diferente”, manifiesta Nadeen Siraj.
Si alquimia se puede dar en el mundo de la Ingeniería Electrónica, formación que posee el chef, la producida en las recetas culinarias que creaba la madre de Nadeen fue la que le cautivó los sentidos, impregnándose de forma tal en su memoria y en todo su ser, que la lleva en su ADN. “Cuando cocinaba mi madre, me fascinaba. Tenía una cajita con distintas especias y todos los días preparaba platos diferentes con esas mismas especias.




