De autenticidad, tradición y calidad, traducida en la selección de las mejores materias primas, como las que utiliza de la empresa Negrini, se sustentan los pilares del restaurante Le Cucine Mandarosso y los platos que en él se pueden saborear. La inclinación por el arte la lleva en su interior Pietro Leonetti, ‘alma mater’ de este local sito en el barrio barcelonés de la Ribera. Primero cumplió con su deber de buen estudiante licenciándose en Historia del Arte y después se entregó en cuerpo y alma a su devoción: el mundo de la hostelería. “Durante mi época en la Universidad, siempre hablaba de montar un restaurante”, afirma. Algunos años después, en 2007, la idea estaba completamente pensada además de planificada y el nombre también, el cual hace honor a las cocinas de amigos y sus familiares donde Pietro daba rienda suelta a su estilo en los fogones. Ya sólo le quedaba abrir las puertas de su local para deleitar también al gran público. Ello ocurrió en el mes de febrero de 2008. En un principio la gestión fue su función, pero hoy su reino es la cocina. Sus productos son aquellos de mercado, que a Pietro le gusta cambiar para introducir en su menú que confecciona y crea cada día de martes a sábado a la hora de comer; haciendo una pequeña modificación los domingos, ofreciendo así la posibilidad de combinar con tres salsas sus ‘fettuccine’, o brindando la alternativa de probar sus ‘lasagne’ y segundos platos.
A Pietro Leonetti le gusta variar, es dinámico, y ese dinamismo lo traslada a la clientela. “La idea es cambiar platos cada día, sólo hay 6 en la carta y diariamente cambian. Aunque la base es el sur de Italia, Avellino, Nápoles o Sicilia, hacemos recetas de las diferentes regiones italianas. Esto puede ser algo más complicado porque da más trabajo, pero es más divertido y te da más libertad. Nuestro objetivo es ofrecer un plato de sustancia, bien hecho y elaborado con los mejores productos”, manifiesta Leonetti. De hecho, la excelencia es el común denominador de sus recetas dulces y saladas. Para la preparación de las dulces han recibido una buena herencia: la maestría de su abuelo pastelero, famoso en Avellino, ciudad natal de Pietro, que inculcó también a su propio hijo, el padre de Pietro. Ahora es otro miembro de la familia el que se encarga de dulcificar los paladares. “Mi hermano se mudó a Barcelona hace año y medio y él es quien realiza, además de la pasta, la preparación de los pasteles tradicionales italianos como la ‘pastiera napolitana’, ‘cassata siciliana’, ‘babá’ (bizcocho empapado en ron), ‘cannoli’, ‘bigne’, ‘pasticciotti’… En cambio, de alguno más internacional como el ‘cheesscake’, se ocupa otra persona”, detalla el artífice de Le Cucine Mandarosso.




