Los hogares españoles ya se han acostumbrado a incluir en su cesta de la compra productos de V Gama, igual que muchos negocios de hosteleríay restauración donde se utilizan referencias de este tipo en varios procesos
Los productos de V gama o esos platos que están ya cocinados, envasados al vacío y listos para su consumo, han dejado de ocupar un lugar excepcional en la despensa de los españoles para integrarse en la alimentación cotidiana de millones de hogares.
Además, también se han convertido en un recurso habitual en muchos negocios de hostelería y restauración cuando hablamos de determinadas preparaciones o de determinados alimentos básicos que ayudan a controlar las reservas de los locales.
Su evolución responde a una suma de cambios sociales, demográficos y de consumo, pero también al esfuerzo de una industria que lleva años ampliando el surtido, mejorando los procesos y situando la conveniencia al mismo nivel que la calidad, el sabor y la responsabilidad ambiental.
En el ejercicio de 2025, los hogares españoles volvieron a romper todos los récords registrados en este sentido ya que adquirieron más de 715.000 toneladas de platos preparados, un 3,8 % más que el año anterior.
Para el sector, esto supuso una facturación de 4.309 millones de euros, con un crecimiento del 5 % respecto al año anterior, según datos de la patronal. Y todo hace ver que el año 2026, puede cerrar en términos parecidos.
El dato confirma una trayectoria ascendente que ha convertido a esta categoría en una de las más dinámicas de la alimentación doméstica gracias a un sector bien consolidado.
De hecho, la asociación que recoge a las empresas más importantes de nuestro país, 22 en total, lleva casi 50 años apostando por mejorar la producción y su implementación en la sociedad y ahora incluso se ha atrevido con un cambio de imagen y de nombre, pasando de ser ASEFAPRE a Platos Preparados de España, en un intento por expresar su voluntad de acercamiento a un grupo de consumidores entre los que estos productos están presentes casi cada día en su cocina.
“Nuestra nueva denominación, Platos Preparados de España, también desea fortalecer nuestro posicionamiento institucional”, señala Álvaro Aguilar, secretario general de esta organización, que ha apostado por generar una identidad más directa, comprensible y alineada con la forma en la que sus clientes, la distribución y hasta la propia restauración entienden hoy esta categoría de alimentos.
Y es que en la actualidad, la elección de un nombre descriptivo también tiene una lectura estratégica dentro del mercado.
Frente a las siglas corporativas que utilizaban hasta ahora, “Platos Preparados de España” permite comunicar con mayor claridad qué representa el colectivo y refuerza el vínculo de la industria con el mercado nacional.
Es una fórmula que facilita la interlocución con el gran consumo, con la distribución, con los operadores de foodservice y con un consumidor que ya reconoce el plato preparado como una solución habitual.
El cambio es importante porque en el sector están convencidos de que la transformación más significativa no se mide únicamente en toneladas o en facturación, sino sobre todo en la percepción que se tenga de su porfolio y de sus avances.
Durante años, los platos preparados estuvieron ligados a momentos de prisa, falta de tiempo o consumo ocasional. Sin embargo, hoy forman parte de una planificación doméstica más flexible y que no tiene miedo a incluir estos productos en su carro de la compra.
“Los platos preparados han pasado de ser una opción puntual en la mesa de los españoles a una solución integrada en su dieta cotidiana”, insiste Aguilar.
La categoría incluso está ganando presencia en ocasiones de consumo y celebraciones en las que, hace pocos años, su incorporación parecía poco probable y ahora parece imprescindible se mire por donde se mire.
Las empresas y sus nuevas apuestas han tenido mucho que ver en este cambio de percepción y de consumo, pero también se explica, en parte, por la radical transformación de los hogares en nuestro país.
Una de cada tres viviendas españolas es unipersonal y el 62 % está formada por menos de tres personas, según los datos aportados por la asociación.
Cocinar desde cero para una persona, una pareja o una familia con horarios descoordinados exige una planificación muy distinta de la que predominaba en los hogares numerosos hace un par de décadas









