Un espacio interactivo y sensorial donde descubrir los 135 años de historia de la galardonada marca de ron Premium, su compromiso con la sostenibilidad y su ‘savoir faire’ en cada botella
No es patrimonio de todos cumplir 135 años de existencia en el mismo seno familiar. Pero sí lo es de la marca Flor de Caña. Sus arraigados valores profesionales como el compromiso con la calidad, la sostenibilidad, la naturalidad en la producción, la artesanía, la dedicación y el trabajo incesante, que caminan al unísonomo con los valores humanos fundamentados en la honestidad, transparencia y la unión de todo el equipo, han sido transmitidos de generación en generación, lo que ha hecho posible que Flor de Caña siga en manos de la misma familia, capitaneada actualmente por la quinta generación.
Estos son algunos de los muchos atributos que reúne la marca desde sus inicios en 1890 a los pies del volcán San Cristóbal en Nicaragua, como me relata Carla Palazio, miembro de la familia fundadora, que forma parte de la junta directiva, y es una gran experta en el campo del management consulting, irradiando pasión y ‘savoir faire’ por los cuatro costados.
Flor de Caña es uno de los rones más premiados del mundo, siendo la primera destilería de ron en el mundo certificada Carbono Neutral y Fair Trade. “Contamos con muchas certificaciones internacionales, lo que agrega un gran valor de confianza para el consumidor”, afirma Carla Palazio.
Poseer la certificación Fair Trade requiere que la empresa cumpla una serie de requisitos en el ámbito social, medioambiental y de producción. Y, por ejemplo, a nivel social, Flor de Caña desde sus orígenes ha mostrado un fuerte compromiso con sus trabajadores y en el desarrollo de su comunidad; de hecho, la empresa cuenta con una escuela y con un hospital con todas las especializaciones, como indica Carla Palazio.
A nivel de producción tienen en su haber otras muchas certificaciones que garantizan la calidad y estandarización de los procesos; así como en terreno medioambiental.
“Nuestra destilería está ubicada en un terreno especial, entre el Océano Pacífico y el Volcán San Cristóbal. Este terreno fértil es esencial para el sabor de nuestro ron, y lo cuidamos continuamente, por ejemplo, sembrando 50,000 árboles cada año en los alrededores para proteger la biodiversidad y las fuentes hídricas”, detalla Carla Palazio.




