Su carácter dulce, meloso, aterciopelado y de fácil querencia, muestra un matiz agridulce en cuanto a cifras se refiere. La salud del mercado de los licores de crema se resiente, ya que también se ha visto afectada por los efectos de la crisis económica. De hecho, tanto en el canal Horeca como en el de Alimentación, las ventas de estos licores, con una base de leche en su composición, han decrecido tanto en términos de volumen como de valor (TAM Mayo’13 vs Mayo’14), según datos de la consultora Nielsen. Reducción que se cuantifica en un 3,1% en volumen, pasando de un total de 6.330 millones de litros vendidos a 6.131,7; y en un 4,1% en valor, pasando de un total, en miles de euros, de 80.247,5 a 76.896,7. (Ver gráfico).No obstante, se trata de una categoría de producto que gusta. La leche aporta consistencia, suavidad y una densidad que disminuye la percepción del alcohol haciendo muy agradable su degustación, y evitando la sensación astringente de los licores.
¿Cuál es su momento de consumo? Según Importaciones y Exportaciones Varma “el momento de consumo más afín a la categoría de licores de crema es la sobremesa, aunque se ha reducido la copa tranquila y de calidad después de comer por la coyuntura económica de recesión”. En esta línea la empresa Comercial Masoliver señala que “el mejor momento de consumo es después de comidas ligeras o a media tarde”. Afirmaciones que también se dejan sentir en las declaraciones de la compañía Pernod Ricard: “el consumidor bebe licor de crema principalmente como digestivo, fundamentalmente después de la comida, aunque también es frecuente después de la cena. Se observa un ligero mayor uso en el momento tarde y empezando la noche. Aunque el consumo es algo más ‘off-trade’ que en licores de hierbas o pacharanes, suele ser en casa, en cafeterías y en restaurantes de menú diario. El licor de crema tiene un consumo claramente grupal, ya sea con pareja, amigos o familiares”.
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