Un pedacito de Filipinas en el corazón de Madrid. Eso es Nàmit Gastrobar, que apareció en la escena gastronómica de la capital en la antesala navideña de la mano de Inés Lamata, su alma máter. Con una esencia deliciosa, como su propio nombre indica mediante el vocablo dialectal Nàmit, de la isla de Negros, en su parte occidental, y perteneciente al archipiélago de las Bisayas, ha sido concebido este local, que ya se está ganando las simpatías del público a los pocos meses de su apertura. “Nàmit Gastrobar se ha creado con la ilusión de ofrecer un espacio donde la cultura española y filipina se fusionan, dando a conocer la gastronomía filipina que presenta toques orientales; una cocina poco conocida en España”, comenta su propietaria durante nuestra agradable conversación.
Un acertado homenaje a esa herencia entrelazada entre nuestro país y ese territorio del sudeste asiático en el que nuestra lengua fue el idioma oficial desde el siglo XVI, con la llegada de los españoles, hasta principios del pasado siglo.
Un puente culinario de altura, con la calidad de los productos por bandera, y caracterizado por sus accesibles precios para todo el mundo -“para que todos puedan degustar nuestra cocina”-, puntualiza Inés Lamata; un lugar que se viste con colores vivos, de espíritu alegre, y armoniosos. “En contraste a los tonos tristes que se suelen ver últimamente, he querido darle luz y color al local atreviéndome con tonos turquesa, fucsia, verde intenso y algunas pinceladas grises, creando un ambiente moderno, sencillo y con toques elegantes para que la gente se sienta a gusto”, menciona Inés.
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