A la temprana edad de 12 años cualquier niño de los de antes piensa en jugar con sus amigos, en videoconsolas, muñecos de acción o campamentos de verano. Lo normal. Sus atolondradas cabecillas comenzarán a pensar en el futuro o en lo que querrán ser, pero ni mucho menos se lo tomarán en serio o lo tendrán claro. El caso del chef onubense Xanty Elías es especial, cuanto menos diferente, ya que en unas vacaciones visitó la pastelería de un familiar en Madrid y aprendió a hacer pan. Amasando, horneando, dando forma a este producto, descubrió un juego que desconocía, el de los aromas, los sabores, las texturas o los olores, uno con el que desde entonces supo que estaría vinculado sin remedio. A partir de aquí, y con tan sólo 14 años, empezó a formarse en Huelva en la Escuela de Hostelería de Punta Umbría, la más cercana que tenía. Su anhelo por una educación mejor le hace aterrizar después en la Escuela de Hostelería de Islantilla, formación que combinaba con lo que podía. “Todos los huequecitos que tenía los dedicaba a estudiar, a trabajar y hacer todo lo que pudiera tener que ver con esta profesión. Trabajaba en sala, de extra, los fines de semana, y poco a poco comencé a conocer este mundo mucho más a fondo”, cuenta Xanty.
Pasó por los fogones de cocinas como las de Javier Peláez, en Granada o Juan Cayetano, en Málaga, pero ha habido uno que destaca por encima de todos en cuanto a su influencia: Juan Mari Arzak. Con el guipuzcoano, uno de los grandes nombres de nuestra gastronomía, pudo trabajar dos años que marcan un antes y un después en su forma de comprender la cocina. “Juan Mari me ha influenciado no sólo con la cocina en sí, sino en la forma de entender la parte más emocional de todo esto”, explica Elías.




