Tal y como Edith Piaf cantaba a su ‘vie’ cuando describía las sensaciones que le producía estar enamorada, los vinos protagonistas de nuestro reportaje, los rosados, provocan impresiones que pueden hacernos postergar hasta las más inolvidables penas, las que la cantante francesa desdeñaba a base de pensar en estos colores. Esta categoría relacionada con los vinos tranquilos, quizá considerada la menor entre sus parientes, con respecto a los vinos tintos y blancos, ha experimentado un auge sin precedentes; ya que, si bien es cierto, sigue ocupando la cola de la lista, ni mucho menos es menospreciada por los consumidores. Según datos de un informe del Observatorio Mundial del Rosado en Provenza y de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), facilitados por Pernod Ricard Bodegas, “los vinos rosados representan en la actualidad más o menos el 30% del consumo total de vinos tranquilos, frente al 16% en 2002. Desde este año mencionado, las exportaciones mundiales de vinos rosados (9,8 millones de hectolitros en 2014) han experimentado un crecimiento sostenido, estimulado por una fuerte demanda proveniente de grandes países consumidores, principalmente los países no productores como Reino Unido, Países Bajos o Bélgica. Los principales países exportadores de vinos rosados son España, con el 46,3% de los volúmenes, seguida por Italia, Estados Unidos y Francia con volúmenes comparables. Estos cuatro países exportan, en volumen, más del 80% de los vinos rosados en el mundo”. Continuando con las cifras cedidas por Pernod Ricard Bodegas, “el consumo mundial de vinos rosados se ha visto impulsado sobre todo por el incremento del consumo de estos vinos en Francia, pero también por la emergencia de nuevos países consumidores. Francia y Estados Unidos son los principales consumidores de vinos rosados, con 8,1 y 3,2 millones de hectolitros consumidos en 2014 respectivamente; consumen cerca de la mitad del volumen de vinos rosados en el mundo”.




