No se necesita mirar al exterior y echar la vista lejos para disfrutar de buenos productos. Una acertada y adecuada potenciación de lo que es nuestro no sólo no viene mal, sino que es necesaria, e incluso de obligado cumplimiento. ¿Por qué no? El origen no determina a priori el éxito. Sólo la pasión, la voluntad y el trabajo constante hacen avanzar lejos, marcando la diferencia. Precisamente esto es lo que desde hace más de 130 años ha sabido hacer suyo la empresa Rives, una compañía de carácter familiar, de capital 100% español, y andaluza de nacimiento.
El presidente actual de Rives, Augusto Romero Haupold, con quien hemos tenido el placer de conversar, nos adentra en los orígenes de la empresa que dirige. “Fundada por mi abuelo en el año 1880, en sus comienzos fue una empresa tradicional de Jerez con vinos y brandies. Una historia, la de mi familia, en tierra andaluza que empezó con la llegada de mi bisabuelo a Málaga, siendo cónsul alemán en Andalucía”, comenta.
Un negocio familiar ubicado en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María, del que tomó las arriendas en los años 70 del pasado siglo Augusto Romero Haupold. “Me hice cargo de la empresa al fallecimiento de mi abuelo, y puedo decir que transformé el negocio, lo modernicé. En aquel entonces, se empezaba a beber la ginebra, el ron y el vodka, y los sustituí por los productos que teníamos que eran el brandy y el vino”, afirma Haupold.
Ese cambio ya denotaba la atención que dispensa Rives a las tendencias y movimientos del mercado. Una compañía que se mueve como pez en el agua entre la tradición y la tecnología más puntera en la elaboración de sus productos, que llevan la nota distintiva de la calidad.
“La calidad es uno de los puntos de fuerza de Rives y de sus productos. Se trata de un concepto de carácter educacional que nació.
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