En España, la cocina italiana vive una época dorada triunfando entre los conceptos internacionales de restauración en el país. Una cocina auténtica, más sofisticada, basada en la tradición y con perfil innovador, con tendencia a recorrer las diferentes regiones transalpinas como exige el consumidor de hoy
La cocina italiana tiene un relato de honor: Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. Partiendo de esta carta de presentación, su desarrollo global no encuentra obstáculos. En España, su evolución muestra una trayectoria ascendente dentro del marco de la restauración internacional.
Se trata de una cocina muy aceptada sin condición de paladares, que entra dentro del modo social español de disfrutar de la gastronomía: compartiéndola.
Las propuestas culinarias italianas hablan de autenticidad del propio país transalpino, de tradición y, al mismo tiempo, de innovación, con gran capacidad para alcanzar la sofisticación en un plato y luciendo, en algunos casos, la más alta premiación de la Guía Roja, la codiciada estrella Michelin.
Los restaurantes de cocina italiana proliferan a lo ancho y largo de la geografía española, con grandes chefs del país de la bota al frente, que con maestría muestran productos de su tierra natal en elaboraciones sencillas y de altura sabedores de su éxito.
Según declaraciones de Antonina Degler, Responsable de Desarrollo de la Comunidad Horeca de AECOC: “La cocina italiana es, sin duda, una de las categorías más consolidadas y extendidas dentro de la oferta internacional en restauración. A nivel global representa en torno al 19 % del mercado mundial de full service, una cuota muy significativa que explica su fuerte implantación y estabilidad también en España.
Su éxito responde a varios factores estructurales. En primer lugar, cuenta con una aceptación absolutamente transversal: gusta a todos los públicos, edades y perfiles de consumo. Además, es una oferta altamente adaptable, capaz de operar con distintos tickets medios -desde pizzerías y conceptos de casual dining hasta propuestas gastronómicas premium– sin perder coherencia. A ello se suma que hablamos de platos universales, reconocibles y fáciles de compartir, como la pizza o la pasta, que encajan perfectamente con los hábitos sociales de consumo. Desde el punto de vista del operador, ofrece además una buena relación entre coste y rentabilidad, lo que refuerza su atractivo empresarial.





