Una finca del siglo XIX, regentada por una pareja de jóvenes audaces que rondan la treintena. Un contraste entre la tradición del local, que les ha dejado como legado una reminiscencia histórica considerada patrimonio incluso del pueblo donde se ubica, y las claras ideas actuales, innovadoras, de distinción y de caminar al ritmo de las tendencias del mercado y de las exigencias de los consumidores de hoy. Cuestiones nada triviales para Jannike Sandström y Pau Cantero, que desde hace cuatro años capitanean este barco bien anclado a sus raíces, el pueblo de La Garriga, en provincia de Barcelona.
Pau, originario de la Ciudad Condal, y Jannike, oriunda de esa cercana población a la capital catalana, aunque con sangre sueca corriendo por sus venas, se enrolaron en esta aventura de coger el timón de un local con historia para las gentes del lugar. De un antiguo molino de aceite, el cual procuró ese oro líquido a la población durante muchos años, a dispensar otras muchas cosas a los clientes, dado el cambio de destino que experimentó “hace unos 30 años aproximadamente”, como comentan Pau y Jannike durante nuestra agradable conversación. “Se convirtió en un bar, y desde entonces, ha tenido diferentes dueños. Nosotros estamos aquí desde hace cuatro años”, explica Pau.
No obstante su remodelación, el molino de aceite comparte la vida de la clientela de El Nou Trull, nombre que recibe el local, como no podía ser de otra manera, haciendo honor a su pasado, ya que como señala Cantero “trull significa molino en catalán”.
Jannike y Pau dirigen el rumbo compartiendo las funciones de cocina y atención a los clientes en el local; el primer negocio en este campo para Jannike y el segundo para Pau, que cuenta con una amplia experiencia en hostelería de unos 15 ó 16 años, como me comentan.
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