El nombre de Oter tiene un relevante peso en el campo de la restauración de nuestro país, el cual se ha labrado con la férrea convicción de abrirse un hueco en el sector, el que conoció cuando era aún muy joven. Tan sólo tenía 17 años de edad Gerardo Oter cuando llegó a Madrid y empezó a prestar sus servicios en el terreno hostelero. Desde entonces hasta hoy han pasado cuarenta años, y lejos de ser un camino de rosas su andadura, actualmente el imperio gastronómico Oter hace mella en la capital española. Porque con trabajo, dedicación, constancia y buen hacer se anda el camino. “A lo largo de estos cuarenta años de aventura me he encontrado con que cada día era un reto, cada hora, una dificultad, cada minuto, una incertidumbre; pero también que cada segundo estaba cargado de esperanza. Si algo les puedo transmitir es mi convencimiento de que querer es poder”, afirma el creador del Grupo Oter. Una filosofía que le ha hecho conseguir numerosos premios y reconocimientos como por ejemplo el de ‘Mejor Empresario Hotelero’, concedido por la Federación Española de Hostelería (FEHR), por su labor y esfuerzo en el empeño por dignificar el sector hotelero. El Grupo Oter cuenta en la actualidad cuenta con 26 establecimientos, con unos 500 empleados y más de 400.000 clientes que cada año visitan sus establecimientos y, que a pesar de estas colosales cifras, no ha perdido su carácter familiar. Una compañía muy comprometida con la sociedad. No cesa en crear empleo, incluso en estos controvertidos tiempos económicos que atravesamos, con la apertura de nuevos locales. No escatima a la hora de ofrecer los mejores planes de formación a sus trabajadores, asegurándoles promoción profesional, horarios regulares, idealización y arraigo profesional en una empresa consolidada dentro del ámbito de la restauración.
El secreto de su éxito no es otro que la buena selección de las materias primas, una cocina de calidad y un esmerado servicio en todos y cada uno de sus establecimientos desde el primer local abierto en 1968 en el barrio de Salamanca, llamado El Barril, al cual le han seguido otros muchos desde aquel entonces. Hoy cuenta con una amplia variedad de restaurantes, desde asturianos a gallegos de lujo, pasando por marisquerías de marcado sabor marinero u otras de diseño moderno, así como de cocina mediterránea, de mercado o andaluza; a discotecas y una vinoteca, que también presenta su servicio ‘on line’. Locales que se caracterizan además por una idiosincrasia y personalidad propia, tanto en el tipo de cocina, como en el producto ofrecido, así como en la decoración y su arquitectura.
Abran paso a lo nuevo
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