Siempre se ha dicho que la fe mueve montañas. Cierto, es. Pero, también el interés. Interés que, agarrado fuertemente a la pasión y a una voluntad firme y decidida generan una fuerza motriz arrasadora para cualquier tipo de eventualidad adversa. Ingredientes éstos de los que no escaseó el ánimo de las hermanas Rey Díaz, Mercedes y Elena, cuando decidieron “ponerse el mundo por montera” al tomar la decisión de introducirse en el mundo de la hostelería para dar vida a un café, porque eso es lo que es su local como afirma contundente Mercedes, con quien hemos tenido el gusto de charlar. “No queremos ser un bar, ni una cafetería, ni una coctelería, ni una cervecería; somos un café”.
Por eso en su denominación reza también la palabra café. Blú Café se hace llamar. Sin ningún género de dudas.
Mercedes y Elena, asturianas de pura cepa y originarias de Gijón, no tenían una previa experiencia en este sector, provenían de otros derroteros laborables, pero tuvieron que tomar un camino alternativo cuando la triste realidad del desempleo llamó a su puerta. Su ánimo no flaqueó, su espíritu inquieto y decidido siguió su curso, encontraron un bonito local en el céntrico barrio gijonés de El Carmen, “uno de los más emblemáticos’, señala Mercedes; y en él y en su ilusión depositaron su confianza para trazar un nuevo horizonte.
“Buscábamos un local que nos gustase. Se trata de una casa antigua cuya fachada está catalogada, mostrando su color rojo especial y la pintura verde botella de su carpintería. Además cuenta con amplias ventanas que van desde el suelo hasta el techo”, puntualiza Mercedes. Una vez que le consideraron como el elegido, se pusieron en marcha. “Nos pusimos manos a la obra, porque el local no había sido destinado a la hostelería anteriormente”, explica Mercedes Rey. Revolución al canto que culminó con el cartel de abierto en una fecha mágica como es la víspera de Reyes. Así, el 5 de enero de 2014, el Blú Café se presentó en sociedad.
Leer el artículo completo en la revista




