Lujo local y apacible

La proximidad es un valor al alza. Ya no vale simplemente con reproducir lujo a todo trapo en hoteles despampanantes. Ahora la industria de la hospitalidad está obligada a entregar experiencias vinculadas al entorno, conectadas con las comunidades locales y que respeten criterios como la sostenibilidad y el Medio Ambiente. A este discurso se apunta un hotel recién salido del horno y de ilustres credenciales. El nuevo Park Hyatt Mallorca es el último gran establecimiento en cumplir los parámetros citados. Un hotel de lujo que promete vivencias auténticas en un enclave no menos lujoso. Su llegada llevaba tiempo flotando en el aire. Una lógica expectación ante el que estaba anunciado como el primer hotel Hyatt en suelo español pero el que iba a ser también el primer resort de la cadena en toda Europa. El Mediterráneo esperaba un nombre de semejante firma. Un estreno para dar a su vez lustre al parque de hoteles de máxima categoría en España. Y todo gracias a la alianza con el Grupo Cap Vermell, que ya había anticipado unas villas cercanas -una docena de opulentas viviendas unifamiliares con piscina-, responsable de impulsar esta posesión privilegiada que abrió por fin sus puertas el pasado 1 de junio. Justo para darse el gustazo de aprovechar el tirón del verano, la primera temporada estival en la vida de este hotel.
El Park Hyatt Mallorca responde a una estructura de gran complejo cuya morfología, en este caso, se inspira en los pueblos tradicionales mallorquines de montaña. Es el primer rasgo relativo a conceder importancia al destino con el que se convive y se estrecha lazos. Se eligió para ello una de las zonas más plácidas de la isla, el frondoso valle de Cap Vermell en la costa oriental de Mallorca. A pesar de la suma explotación a la que se ha visto sometida, Mallorca todavía conserva rincones menos masificados capaces de ser aprovechados por el turismo de alto ‘standing’. Alejado de la capital o de lugares estrella como Deià o Andratx, Cap Vermell se revela como enclave estratégico por el contacto real con la naturaleza, la riqueza de su patrimonio y el carácter rústico de la vida. Pueblos con castillos y santuarios religiosos, cuevas misteriosas, paisaje mediterráneo y 700 años de historia acumulados por estratos en las costumbres, fiestas y personalidad de los lugareños. Muy cerca, en el interior, Capdepera o la villa medieval de Artà, cuyo mercado merece ser visitado. De frente, asomando en el vértice del valle que delimita Canyamel, la horizontal del mar y el cabo de tono bermellón. Una Mallorca reconocible, pero desconocida por el gran público.
Entendido como un todo, el complejo abarca un club de campo, las villas residenciales ya mencionadas, un ‘beach club’ abajo en la playa y el hotel propiamente dicho. El arte y la cultura local marcan la idiosincrasia de éste último, levantado a imagen y semejanza de las aldeas mallorquinas circundantes. La idea recuerda, salvando las distancias, al ejercicio emprendido hace años por el hotel Aldea Roqueta, todavía más rústico, en un pueblecito de Castellón. Por fuera, arquitectura tradicional; por dentro del hotel, eso sí, lujo y vanguardia. Las casas de piedra y terracota aparecen arremolinadas entre el monte. Como en todo pueblo, no falta su plaza central y sus zonas verdes, un fastuoso conjunto de jardines tropicales con fuentes y paseos. Ya de por sí agradable, pero edénico si uno se asoma a las vistas, momento en el que realmente se toma conciencia de la exclusividad del lugar. Una maravilla escénica anticipada por la carretera de acceso flanqueada por las lavandas. Siempre la fragancia es un plus en un hotel.
Park Hyatt focaliza en la personalización del lujo y nada más clarificador que la intención de hacer de este resort un hotel mallorquín. No un gran hotel sin más, sino uno verdaderamente local. Así lo están empezando a comprobar los clientes que, en especial desde Alemania y Reino Unido –Estados Unidos y Oriente Medio también son mercados de interés- acuden ya a esta llamada de confort y experiencia hospitalaria. El clima único y una cartera de actividades como rutas a caballo, golf -principalmente recomendado el Club Pula Golf-, deportes acuáticos, ciclismo de montaña o ‘alpine walking’ potencian la certeza de oportunidades más allá del hotel. Sin salir de él, no son pocas las opciones recreativas: dos piscinas más otra infantil, un centro ‘fitness’ abierto las 24 horas y un Spa que requiere capítulo aparte. Está el Country Club contiguo, con pistas de tenis y otras instalaciones deportivas, como su propia piscina climatizada cubierta y otra más al aire libre. Está el ‘Beach Club’, a seis minutos contados del hotel. Y están las ‘Park Hyatt Residences’, un concepto de ‘meeting’ basado en los diseños residenciales más lujosos y que cuenta con un patio central mallorquín en cada uno de los espacios sociales habilitados para el trabajo.

 

 

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