Madrid hospedará a Seagrams’s NY Hotel en el NH Collection Suecia hasta el 24 de marzo, en su segunda visita a España. El espíritu de la Gran Manzana se podrá comer, beber en copas preparadas por los mejores ‘bartenders’ neoyorkinos, disfrutar en un buen ‘jazz’, ver en películas americanas e incluso disfrutar luciendo un afeitado muy ‘trendy’
Vivir experiencias de la Gran Manzana sin salir de Madrid, ¿les asombra? Pues, así es. Por segundo año consecutivo Seagram’s NY Hotel regresa a la capital de España instalándose en el hotel NH Collection Suecia, en los aledaños de la céntrica calle de Alcalá. https://www.nh-hoteles.es/eventos/seagrams-ny-hotel
Una ciudad efervescente como es New York ha puesto el ojo en otra, que no lo es menos, para engatusar al público español y, de seguro, también al internacional, que acudirá a la cita hasta el próximo 24 de marzo. Desde el pasado 16 de febrero bocaditos gastronómicos, cócteles, en los que la ginebra Seagram’s es la estrella, también en los ‘gin tonics’, ‘afterworks’, música, clásicos de cine, buenos afeitados, para sentirse como un dandy, y el recrearse la vista con nuesto ‘skyline’ que, ‘haberlo haylo’, se pueden saborear y disfrutar incluso directamente de las propias manos de sus autores, que también han hecho una escapadita al continente europeo.
La vivencia gastronómica la inauguró el restaurante Russ & Daughters. Un local centenario que sigue en manos de la familia desde 1914. Todo comenzó con Joel Russ cuando recién llegado de Polonia comenzó a vender arenques de barril en escabeche en Lower East Side. Con el paso del tiempo, este comercio ambulante le llevó a abrir un negocio controlado también por sus tres hijas. Cuatro generaciones más tarde, Niki Russ Federman y Josh Russ Tupper, descendientes del fundador, abrieron Russ & Daughters Cafe. Su local, un referente en gastronomía judía, se ha convertido en uno de los diez mejores restaurantes de la ciudad según el NY Times, siendo conocido por sus ‘appetizing’, palabra judía para referirse a los ingredientes que se sirven con los deliciosos ‘bagels’. Salmón ahumado, queso cremoso o caviar son algunas de las opciones favoritas de los neoyorquinos dentro de su carta ‘delicatessen’.
Después de estas exquisiteces sólidas, un buen trago no es renunciable. Las coctelerías Blacktail Bar NYC y Attaboy Bar son las primeras en debutar y a ellas le seguirán Flatiron Lounge, Raines Law Room y Please don’t tell. Llamemos a sus puertas.
Blacktail Bar NYC nos sorprendió en primer lugar, por su timbre escondido. Accediendo por los baños de la planta de calle del NH Collection Suecia nos encontramos con una puerta que, como si se hubieran pronunciado las palabras mágicas de “ábrete sésamo”, se abrió desplegándose ante nuestra vista una espectacular coctelería vistiendo su larga barra la figura de Jesse Vida. Jesse es el ‘brand manager’ de la neoyorkina coctelería que al año de abrir sus puertas, lo que ocurrió en el mes de agosto de 2016, como nos cuenta el propio ‘bartender’ ya ostenta el reconocimiento de Mejor Bar de Nueva Apertura 2017 conseguido en ‘Tales of the cocktail’, en Nueva Orleans, además de formar parte con el número 32 en la lista the ‘World’s 50 Best Bars’. Algo que ha sido posible gracias a la maestria de Jesse Vida, uno de los mejores cocteleros de su generación por ‘Starchef’s Rising Stars’ 2017, y por el buen hacer de sus propietarios, cofundadores del prestigioso local The Dead Rabbit que, con tan solo cinco años de vida, ha liderado esa lista de los mejores bares del mundo en 2016.
Jesse nos relata que entrar a Blacktail Bar NYC es viajar a Cuba en la época de los años 20. Durante la Ley Seca, en Nueva York no se podía beber alcohol y los americanos iban a Cuba para beber, existiendo un avión que los transportaba como si fuese una limusina aérea y tenía la cola negra y se llamaba Blacktail. El avión da el nombre a este local que se encuentra en un sitio precioso, en el muelle de Manhattan. En él todo es cubano, hasta la música, hay muchos cócteles de ron para elegir entre su carta que cuenta con 56 cócteles. Un servicio, el de Blacktail, en el que se mima cada detalle, como menciona Jesse. Al cliente, nada más entrar, se le ofrece un ‘Frozen Daiquiri’ mientras elige lo que va a tomar, siendo a su vez aconsejado por los ‘bartenders’ a tenor de las respuestas dadas ante las preguntas de los mismos.
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