El fluir de la vida es algo incuestionable. Va colocando situaciones que, si el ser humano se muestra con una buena actitud receptiva, la magia está garantizada. La concatenación de acontecimientos se presenta de forma natural, y de ahí sólo hay un paso a la expresión: ¡parece que ha venido todo rodado! Bien, casualidad o destino. Destino o casualidad, libre interpretación para cada cual. La cuestión es que quien tiene los ojos bien abiertos y los oídos predispuestos a la escucha, el camino lo halla sin duda. Como así lo encontró Lola Martínez Herrero. Una ingeniero agrónomo que dejó su profesión para dar rienda suelta a su deseo de montar un negocio. Una pasión que no tenía antecedentes familiares, brotaba espontánea y con fuerza.
En su camino se cruzó la marca illy, y la chispa se encendió de tal manera, que fue el inicio de otro sendero profesional para Lola: el fantástico mundo del café. “En una feria, por casualidad, conocí la marca illy y me gustó mucho este café; la empresa illycaffè me apoyó mucho, y así comenzó todo”, comenta Lola durante el transcurso de nuestra agradable conversación.
Un amor que nació con ímpetu, dando lugar a abrir el 14 de agosto de 1997, en una céntrica calle valenciana, su local L’Espresso. Un establecimiento que como su propio nombre indica, el café es la niña bonita. Hoy, diecisiete años después, Lola, su propietaria, sigue enamorada de este producto, que la llevó a cambiar de profesión, y no sólo ha contagiado a sus clientes de esta pasión cafetera, también lo ha hecho con su equipo, que transmite cada día ese mimo y dedicación a la hora de trabajar con este café. “El café es nuestro producto estrella, lo cuidamos muchísimo. Tenemos clientes que vienen a nuestro local a tomarlo desde el primer día, incluso personas que no son de la ciudad cuando vienen a Valencia acuden a visitarnos”, afirma Lola Martínez, sin poder ocultar su orgullo y satisfacción por ello.
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